El asma es una de las enfermedades de mayor prevalencia en el mundo occidental. En España se estima que afecta a un 5 a 10% de las personas adultas y a un 15 a 20% de los niños. A pesar de ser bien conocida y contar con fármacos eficaces no en todos los casos se consigue un control efectivo de la enfermedad, por lo que algunos pacientes refieren manifestaciones clínicas diversas y sufren un deterioro de la función respiratoria, que se traduce en un agravamiento y progresión de la enfermedad.
Por otra parte, las repercusiones laborales, sanitarias y socio-económicas del asma son muy importantes y sus consecuencias, por la incapacidad y la morbi-mortalidad que conlleva, también son muy significativas. Algunos estudios han demostrado que, frente a lo esperado, los pacientes con asma tienen despertares nocturnos, ausencias laborales y escolares, usan mucha medicación de rescate, utilizan demasiado los recursos sanitarios y, en definitiva, no consiguen controlar adecuadamente su enfermedad como cabría esperar a tenor de la eficacia de los fármacos disponibles. Estas razones, entre otras muchas, convierten al asma en un auténtico problema de salud pública.
Desde el punto de vista clínico, sanitario y socio-económico estos aspectos son bien conocidos desde hace años por los neumólogos y los cirujanos torácicos y, en general, por todos los médicos implicados en el estudio de esta enfermedad. Sin embargo, y a pesar de la trascendencia del asma, resulta cuanto menos sorprendente que la mayoría de los españoles la desconozca y, lo que es incluso más preocupante, que algunos médicos no sepan reconocerla de forma correcta, diagnosticarla con
seguridad y prevenirla y tratarla con competencia suficiente. Probablemente este desconocimiento explica por qué en muchos enfermos no se ha llegado a un
diagnóstico correcto y, en consecuencia, no se realiza tratamiento alguno. Aún más, las últimas estadísticas indican que, entre los bien diagnosticados, un importante porcentaje no se trata adecuadamente y sigue las recomendaciones y normas publicadas al respecto por las diversas sociedades científicas.
En este sentido, todos los esfuerzos y los proyectos que traten de mejorar esta situación y de facilitar el acceso riguroso al estudio de esta enfermedad son, a nuestro juicio, loables y deben ser bienvenidos. Este Encuentro puede ser un buen ejemplo de cómo avanzar en este campo, además de ser una muestra de la utilidad que pueden tener algunas iniciativas concretas dirigidas a actualizar los conocimientos sobre una enfermedad crónica determinada. Creemos que en el programa que se presenta destacan la oportunidad y el interés, no solo médico, sino también sanitario y social. En el programa se pone un énfasis especial en los aspectos clínicos y en los que pueden tener una aplicación práctica inmediata para el médico en su quehacer cotidiano. No se olviden en el programa los aspectos más relacionados con la repercusión del asma en el ámbito sanitario y social. En nuestra opinión, el Encuentro debe tener una buena aceptación y ser, en cierto modo, punto de referencia para los que estén interesados en el estudio riguroso y ordenado del asma o que, simplemente, quieran conocer sus efectos y su repercusión en la esfera personal, laboral, social y sanitaria. Estos motivos son, a nuestro juicio, los que justifican la propuesta y la puesta en marcha del Encuentro.
En este marco se inserta el Encuentro que se propone, cuyos objetivos específicos se dirigen a cubrir los siguientes aspectos:
1) analizar la repercusión del asma sobre la salud personal y sobre el sistema sanitario;
español, valorando sus consecuencias económicas y sociales;
2) debatir sobre las causas que originan la enfermedad;
3) insistir en la importancia del diagnóstico precoz y en la de los medios en los que se basa este
diagnóstico;
4) valorar las peculiaridades del asma infantil;
5) revisar la utilidad de los tratamientos existentes, con especial referencia a las nuevas posibilidades terapéuticas y, sobre todo, a las medidas legislativas aprobadas recientemente por la
administración sanitaria española y mundial;
6) diseñar iniciativas sanitarias y sociales que puedan ponerse en marcha para tratar eficazmente el asma; y
7) influir en los médicos, la administración sanitaria, los medios de difusión y la población en general para que se conozca mejor esta enfermedad, se reconozca su importancia, se facilite su prevención y se posibilite su diagnóstico precoz, demostrando así que todas estas medidas son actividades enormemente eficaces y rentables, que deben potenciarse al máximo por su decisiva repercusión sobre la salud de la población en general.