- Era una quieta mañana de Febrero, el aire estaba impregnado de tristeza, de desconsuelo y de dolor. Niños, niñas, ancianas, ancianos y adultos en los cambuches, especie de carpas hechas de plástico, de lona, cartón o latas. Miradas tristes, ojos húmedos, caras sucias, manos crispadas, pies descalzos, vestidos deshechos, estómagos vacíos, almas estalladas, rostros suplicantes, silencios de abismos, movimientos de autómatas, historias truncas. En la entrada de un cambuche la bandera colombiana se movía orgullosa en medio de la desdicha y la desesperanza, y una leyenda la sostenía: "El terremoto nos asustó, nos destruyó, pero aquí seguimos Armenia, te amamos, ¡ contigo nos quedaremos!"...