- Transcurrieron ocho años, y cuando el niño Saddam cumplió diez años, le enviaron a la casa del tío Khairallah. Este era un devoto sunnita, militar retirado que se dedicaba a dar clases en una escuela. También era un activo militante del partido socialista Baath. A él le tocó enseñarle a leer y escribir al sobrino venido de al-Ajwa. Le platicaba de mil cosas, de la unidad Arabe, del comunismo, de los caudillos y en especial de Stalin. Bajo el abrasador sol le transmitió sus ideas y sus odios. Le sembró el rechazo a las monarquías, a las democracias y hacia el occidente, y también su fobia contra las moscas, que le obligaban a agotarse espantándolas constantemente.