- Para la mayoría de los que estudian y enseñan la
historia, el paso de los Andes fue un hecho de gran importancia, una tarea difícil, penosa y peligrosa, pero están muy lejos de imaginar lo trabajoso que fue aquel cruce. Si nos olvidamos de los cuyanos que contemplan, día tras día, esa pared de proporciones gigantescas, y oyen todo el tiempo los infinitos accidentes que allí tienen lugar, bien pocos han de ser los argentinos que tengan una idea, ni siquiera aproximada de lo que debió costar a San Martín cruzar la Cordillera.
Para comprenderlo necesitamos eliminar, mentalmente, la amplia carretera que hoy existe; suprimir la mayoría de los puentes y túneles que usan, por ejemplo, los autos y los trenes para acortar distancias y evitar terribles ascensos y descensos. En 1817 no había nada de eso. La carretera era solo un camino de treinta a cincuenta centímetros de anchura, desigual y pedregoso...