Antonio Tabucchi (Vecchiano, 1943) es, sin duda, uno de los escritores más significativos de entre los nacidos en Italia en los últimos cien años. Su obra, dilatada, tiene la cualidad de bucear constantemente en el mundo; por ello nunca se repite lo que no quiere decir que no profundice en las realidades que le preocupan como escritor y como ciudadano. En Italia, en Europa, en el mundo, su firma aparece una y otra vez encabezando cartas, manifiestos, en defensa de la democracia y la libertad, dos aspectos que serán objeto de análisis a lo largo del Seminario, escuchándole y escuchándonos, tanto a ponentes como a participantes. Porque la democracia no es la perfección, hay que mejorarla y, con este fin, es necesario vigilarla. Plantea, por tanto, que su función como escritor es mirar, atentamente, cuanto hacen los demás. Porque puede haber una forma enferma de democracia; no es la primera vez que ocurre en la
Historia: las tropas francesas de napoleón masacraron en nombre de la igualdad, la fraternidad y la libertad. Hay que reflexionar, pues, sobre qué es la democracia, y qué es la libertad, si se pueden mejorar: uno de sus personajes se pregunta si mereció la pena luchar por los ideales; Tabucchi -su personaje- no da una respuesta, entrega su
crítica al escritor -Tabucchi- que es otro personaje; deja que el lector decida, participe. Aspecto susceptible de análisis.
En sus libros -así lo dice- no se pone de parte del poder sino de quienes lo han padecido o padecen. Por ello, su primera
novela,
Piazza d'Italia, es un intento por escribir una historia contada por los perdedores. Tabucchi entiende que la
Literatura es vida desde un punto de vista ontológico, no es un oficio cotidiano, pertenece al mundo de la fantasía, del deseo, de los sueños. Su realidad, desde un punto de vista existencial, ha sido la de profesor, que también será desmenuzada, en función de la obra. Por ello participa de un concepto de escritor muy amplio, que va desde el autor clásico hasta el periodista del pueblo más apartado de la tierra
Intelectual preocupado por la salud tanto de este nuestro mundo como de la Literatura, mezcla constantemente ficción y
filosofía, se interesa por la suerte de los extraviados y cuenta sus historias del lado de los perdedores, haciendo algo que parece pura utopía: construye personajes inolvidables en los que el lector se reconoce una y otra vez, en alguno de sus aspectos, y una y otra vez mantiene una relación harto difícil con la novela hasta el punto de que de alguna de ellas ha llegado a escribir hasta tres versiones, llegando a conservarla en la memoria, e incorporando las últimas correcciones directamente, para desesperación futura del filólogo.
Vive en Portugal, en Francia... y se pregunta constantemente acerca de la Europa que estamos intentando construir. Reconoce constantemente la gran importancia de sus primeros contactos con el espacio cultural de París que le descubren a Renoir y Buñuel, el surrealismo
francés, Dalí, la vanguardia, Cocteau... No olvida su formación en la
Scuola Normale Superiore di Pisa, ni sus años de catedrático universitario en Bolonia, Génova y Siena, aún menos la casa de sus abuelos en Vecchiano (Toscana), donde vivió desde pocos días después de su nacimiento.
Así nacen y viven sus preocupaciones éticas frente al momento actual, su rebeldía ante la imposición de una interpretación plana de la realidad; su interés por transmitir esa inquietud ética a su público, lector. En una entrevista contesta que cree que hay un gigantesco microscopio cósmico monstruosamente grande debajo del cual nosotros, humanos, estamos como pequeñas bacterias. Ante la pregunta de quién ha ocupado el lugar de Dios, de quién está en su lugar para observarnos, se responde que sobre todo hay un banco de información, que acaba en alguien -en algún lugar- donde caben todas las informaciones. Y ante la reflexión de qué es lo que nos queda a nosotros, ¿rebelarnos?, llega a una conclusión, que hemos de meditar:: tras la meditación, nos queda una posibilidad: observar al observador.
El Seminario persigue que dialoguemos sobre cómo es posible observar al observador. El Seminario busca una solución:
Literatura vs vida; vida vs literatura. Tabucchi, escritor y ciudadano.