Desde la
Antropología Política.
La severa complejización y relativización que se suscita en el mundo en todos los ámbitos del desarrollo como humanidad, dan cuenta de transversales y estructurales cambios en el devenir del individuo del siglo XXI, lo que ciertamente también afecta a la lógica del ejercicio de la política en todos los países, especialmente a los que se encuentran actualmente en la retaguardia del desarrollo y progreso mundial, como por ejemplo Latinoamérica, y lo digo con estas palabras, ya que toda racionalidad de acción tradicional de "hacer" política se ha ido modificando a través del tiempo, en pos de un modelo norteamericano caracterizado por una creciente modernización (Priess and Tuesta, 1999), que condiciona explícitamente las propuestas y los planes de trabajo de los candidatos que buscan un lugar en los espacios de la arena política de sus respectivas regiones, es por esto que además de cambiar las condiciones exteriores a los candidatos y a los políticos en general, son las mismas reglas del juego de esta acción política, enmarcada dentro de la arena política propiamente tal, las que se transforman, lo cual trae como consecuencia un cambio tanto en la Cultura política como en el estilo, en tanto uso de símbolos, signos y ritos que integran dicho estilo, del individuo que encarna dicha acción, es éste quien modifica su rapport al enfrentarse al electorado en particular y a la población en general.
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