Avergonzado por la pérdida de su cabello, al emperador Julio César sólo le quedó disimularlo con una corona de laureles. Pero si hoy resucitara, el gobernante romano encontraría atónito decenas de alternativas para prevenir, revertir o disfrazar su calvicie. &ldquoPor desgracia, muchas personas se abrazan a soluciones mágicas que no tienen ningún respaldo de la ciencia. Y lo único que consiguen es frustración&rdquo, asegura el cirujano plástico argentino Nicolás Lusicic, especialista en restauración capilar y miembro de la World Hair Society.
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