Fernando Pessoa señaló que el hombre superior difiere del inferior y de los animales por la simple cualidad de la ironía. Y ello porque la ironía es el primer indicio de que la conciencia se ha tornado consciente, nos dice el escritor
portugués. Probablemente, tenía en mente cuando subrayó esto la afirmación de Nietzsche según la cual el ser humano es el único animal que ríe. En la misma línea, Wittgenstein entendió también el humor como cualidad específica del ser humano más excelso, junto a la melancolía, con la que podía aparecer hermanada, como dos actitudes que responden a un mismo estado de conciencia: la conciencia del limite, del salto entre el deseo y la realidad. El melancólico y el ironista se nutren de esa conciencia del límite que caracteriza a lo humano, y ambos obtienen una inquietante mezcla de placer y de dolor en el reconocimiento del mismo.
El curso toma como telón de fondo estas ideas para adentrarse en el complejo fenómeno de la ironía, entendido no tanto como un tropo sino como un modo específico de discurso. El domino semántico del término es amplio y vago; evoca connotaciones muy diversas. Pretender alguna definición aproximada de la ironía requiere acercarnos a la
historia misma del concepto -desde Sócrates a nuestros días- , y abordar los diferentes registros y contextos en los que aparece, desde la
literatura a la
estética o la
filosofía. Estos son los objetivos del presente curso, que reunirá a especialistas destacados en estas disciplinas, y que dedicará también un lugar principal a las reflexiones del recientemente fallecido filósofo neopragmatista, Richard Rorty, quien se definió a sí mismo como un ironista.