El movimiento #MeToo empezó siendo una campaña para que las actrices de Hollywood denunciaran el acoso sexual y las discriminaciones que sufren en la red. Sin embargo, el hashtag ha ampliado horizontes y ya acoge las reivindicaciones de otros sectores profesionales. Por ejemplo, las agresiones verbales que sufren a diario las fisioterapeutas. Todo empezó con un tuit de la usuaria Berta Visión, que propuso utilizar la etiqueta #metooFISIO para narrar este tipo de experiencias. La participación ha sido muy elevada, pero los resultados obtenidos resultan preocupantes. La mayoría de fisios reconocen que no se las valora porque mucha gente creen que no tienen la misma fuerza que los hombres. Además, a menudo sufren las confusiones entre el trabajo terapéutico y los servicios sexuales. De hecho, la queja más habitual es que, en plena sesión, muchos clientes les piden un final feliz

Así, muchas profesionales de la fisioterapia se ven obligadas a repetir la frase: “Soy fisioterapeuta, no hago final feliz“. Es más, algunas apuntan que, además de insinuaciones verbales, han sufrido tocamientos por parte de los pacientes. “En mi primer trabajo, movilizando el brazo de un hombre (45 años, decúbito supino), me di la vuelta y me cogió por la cintura y me tocó el culo. Sin decir nada. No supe reaccionar. Mi compañera (muy cachas) dijo que lo trataba ella. O la mítica de salir de fiesta, conocer gente, que te pregunten a qué te dedicas y cuando dices que eres fisioterapeuta que te pregunten si los masajes son con o sin final feliz”, escribe Berta. ¿Y tú? ¿Has sufrido alguna mala experiencia en tu entorno laboral? ¡Comparte tus experiencias con nosotros!

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¿Qué nos enseña la campaña #MeToo de las fisioterapeutas?

  1. La necesidad de dignificar la profesión. La fisioterapia es una de las disciplinas que más sufre el intrusismo. Así, son muchas las personas que no tienen claro qué tipo de servicios pueden solicitar en un centro especializado. Antes de acudir a un fisioterapeuta, debemos asegurarnos de que los profesionales cuentan con la acreditación necesaria para ejercer. Y en ningún caso confundir los servicios sanitarios con la prostitución.
  2. Las agresiones machistas, un problema estructural. Lo que empezó siendo en una denuncia de las actrices de Hollywood se ha convertido en un fenómeno social. Arquitectas, médicas, fisioterapeutas… profesionales de varios sectores han alzado la voz para denunciar que las agresiones machistas son una lacra social que afecta a mujeres de todas las edades y profesiones.
  3. La educación en las aulas, fundamental para combatir el machismo. La educación es un pilar básico para acabar con una sociedad machista. Sin embargo, en los libros de texto las mujeres brillan por su ausencia y se mantienen los estereotipos patriarcales. Aunque las editoriales aseguran que trabajan para que esto cambie, la realidad muestra todavía un largo camino por recorrer. De hecho, basta con abrir los libros de cada curso escolar para detectar la desigualdad de género:  “Hay una ausencia casi total de mujeres. Un 7,6% según un estudio que recogió todas las materias de 1º a 4º de ESO”, explica Ana López Navajas, investigadora de la Universidad de Valencia.

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