El concepto de industrias culturales proviene del movimiento sociológico de la Escuela de Fráncfort, en que se acuñó el término a mitades del siglo XX. Los miembros de la escuela impulsaron un cambio en la percepción de la producción artística existente hasta la fecha, ya que hasta ese momento siempre había sido una actividad muy elitista, y era necesario abrir la cultura a los estamentos más bajos de la sociedad. El contexto de mediados del siglo XX, con el mundo recuperándose de la guerra, requería hacer partícipes a las clases trabajadoras de la producción y el consumo de bienes culturales.

La producción cultural cambia, como parte del cambio también en el concepto y el punto de vista moral, y esa transformación viene especialmente de los Estados Unidos, aunque también se aprecia en Europa. La cultura se convierte en entretenimiento también para grandes masas, como resultado de la apertura a más públicos, y se diversifica sus contenidos para potenciar una mercantilización acentuada.

Con ese proceso más mercantilista se llega al concepto de cultura de masas, constituido por contenidos con prestaciones culturales o estéticas menos exclusivas y más accesibles, en ocasiones también menos elaboradas, con el fin de vender a un público más amplio, con un nivel cultural medio más bajo, pero que supone el grueso de la población y que progresivamente fue teniendo más tiempo libre a medida que avanzaba el siglo XX y mejoraban las condiciones laborales. y por eso su acceso a la cultura supone un empuje enorme desde el punto de vista financiero para las industrias culturales, especialmente el cine, que es la mayor de ellas.

La cultura de masas acaba tejiendo una red de conocimientos comunes y referentes culturales que facilita tener el mismo código y la comprensión entre miembros de la sociedad de diversos estratos. El grueso de la población tiene un conocimiento básico sobre actores, ropa, músicos, televisión…

La cultura de masas incluye contenidos homogéneos que son poco arriesgados y a menudo poco refinados pero que tienen buena salida entre un grueso de la población. En ese aspecto, esos contenidos de la cultura de masas son ya mayoritarios, y es que la cultura es como cualquier otra industria, produce más de lo que genera más beneficios, a pesar de que pueda suponer un sacrifico en lo referido a la calidad.

Estrechamente relacionadas con la idea de industrias culturales encontramos las industrias creativas, que no son necesariamente lo mismo, ya que incluyen elementos como la publicidad o el diseño, cuyo proceso creativo puede ser similar al de las industrias culturales.

Asimismo encontramos todo un mundo relacionado con las industrias culturales y creativas, pero que no tienen que ver con la producción ni los procesos creativos, unos campos que posiblemente no existirían sin las nuevas tecnologías. Su relación con las industrias culturales viene por el hecho que esas novedades tecnológicas constantes son a menudo necesarias para la transmisión de los contenidos culturales, o muy importantes, como mínimo.

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