La innovación biotecnológica en España está rodeada de un sistema relativamente joven y aun falto de instrumentos regulatorios avanzados pero que se está acelerando. Cada vez un peso mayor en la economía (aproximadamente el 8% de las empresas españolas son biotecnológicas) y su perspectiva parece creciente. La aparición en estos últimos años de nuevos inversores que operan en el sector y la incorporación en nuestro ecosistema de inversores extranjeros son signos de la confianza que va ganando el sector.

La clave y motor de crecimiento sigue siendo la alta calidad de la ciencia y profesionales del sector. Destaca decir que, el total de facturación por parte de las empresas biotecnológicas en España es de más de 90.000 millones de euros, similar a la del sector del turismo en nuestro país. El perfil de la empresa biotecnológica en España es el de una micropyme con menos de 10 asalariados y con una facturación menor al medio millón de euros anuales. Estas empresas suponen ya el 60% de las biotecnológicas en España.

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La mayoría de proyectos de investigación en biotecnología en nuestro país, sean los desarrollados por empresas españolas o por empresas extranjeras con actividad de I+D+i en España, tienen como objeto el área de cáncer. En el global de los proyectos de investigación en biotecnología, los países líderes en producción científica en biotecnología son China, Estados Unidos e India, que suponen juntos más del 50% de la producción mundial y el cáncer tiene un peso del 30% en cuanto a proyectos de terapia y del 39% en el caso de proyectos de diagnóstico. Es decir, el 90% de los recursos destinados a la investigación biosanitaria están centrados en el tratamiento de enfermedades que afectan al 10% de los pacientes.

En este sentido, son cada vez más numerosos los debates sobre la importancia de que la inversión en innovación biomédica no responda solamente a criterios de rentabilidad, pues podría suponer concentrarse en innovaciones que interesen sólo a los países del primer mundo.

Se debería procurar seguir garantizando que la investigación responda a necesidades sanitarias y no solamente a los beneficios de su explotación. Para ello, están empezando a crecer estrategias de inversión alternativas. La financiación pública y el aumento de la captación de financiación filantrópica sensible a esta realidad son fundamentales. También sería conveniente crear estímulos fiscales, así como flexibilizar algunas regulaciones con el fin de que las empresas puedan compensar el esfuerzo de innovación en ciertas áreas terapéuticas en países pobres.

El desarrollo de una innovación biotecnológica responsable provocará la incorporación de ese tipo de aspectos en la relación de acuerdos y normas que regularán la cadena de valor de la innovación.

Fuente: OBS Busines School

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