La investigadora Mar Satorras, una de las integrantes del grupo TURBA de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), hizo pública una parte de su investigación de los últimos meses que fue la recopilación de 53 iniciativas sociales urbanas frente al cambio climático en Barcelona y Sevilla. Ella define que «la resiliencia urbana es la capacidad de hacer frente, anticiparse, reconstruirse o transformarse después de un cambio brusco», como lo ha sido la emergencia climática como enfoque específico en la pandemia.

La experta considera dos caminos opuestos para salir de la situación actual que estamos viviendo y que afecta de la misma manera al medio ambiente de las urbes y a la salud de sus habitantes, ella manifiesta que «La visión integral de la resiliencia es un reto para las ciudades», este es un reto al que se enfrenta el Estado español. También afirma «Si las políticas de medioambiente se entienden como políticas de salud, habremos ganado mucho».

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«Puede que la nueva normalidad se parezca mucho a la anterior en términos de impactos ambientales o que incluso aumente el uso del vehículo privado», resalta. Se cree que en relación a la posible flexibilización de la normativa ambiental o de los procesos urbanísticos para mejorar la economía, existe una «amenaza» y puede producirse un deterioro de la contaminación causado por el transporte público, produciendo un gran riesgo de contagio, haciendo que las personas rechacen ese y muchos otros modelos de movilidad.

Utilizar la reconstrucción para promover una transformación del modelo económico que incluya una transición ambiental, es otra opción que apoyan los científicos. Satorras indica «El experimento en masa del teletrabajo podría consolidarse, y la ampliación del espacio para viandantes o bicicletas y de las fórmulas innovadoras de transporte colectivo podrían hacer que la movilidad fuera más sostenible», además plantea «dos escenarios» siendo compleja la decisión de hoy por hoy, pronosticar cuál será el elegido. Concluyendo que «Lo deseable es que se tome la oportunidad de acelerar la transición ambiental sin dejar a nadie atrás».

Como ejemplo de lo importante que son los puntos en común de las medidas y las necesidades de aprender lecciones, Mar Satorras enfatiza «Los más vulnerables a los efectos del cambio climático, como una ola de calor, también pueden ser los más vulnerables al coronavirus». Entre las distintas áreas como lo son la salud pública, el medioambiente o los servicios sociales, el objetivo era optimizar la resiliencia asegurando la comunicación entre éstas. La red de cien ciudades resilientes, de la que forma parte Barcelona, son algunos proyectos de resiliencia urbana que ya estaban en la búsqueda de orientación entre las diferentes áreas para hacer frente a distintas amenazas, expone la investigadora.

Las iniciativas de autogestión, como los huertos comunitarios que ofrecen espacios de refugio; o el asesoramiento técnico municipal, que incluye la instalación de cubiertas verdes en edificios en Barcelona, y otras que se originan y se destinan a la propia ciudadanía, como las que organizan movilizaciones contra la emergencia climática o de ayuda a colectivos específicos, son muchas de las iniciativas que se han compilado en el último año por el grupo TURBA y han sido ejemplos de las diversas maneras de diálogo entre ambas partes. La siguiente parte del estudio que se está poniendo en marcha, estará basada en analizar la inclusión de las propuestas sociales en la agenda política y el conocimiento a fondo de las 53 iniciativas expresadas en el material presentado este mes. Satorras añade que, la clave está en la participación, la colaboración o la inclusión de la ciudadanía y de los movimientos sociales en las políticas de la Administración pública.

53 iniciativas de Barcelona y Sevilla contra el cambio climático

Para descubrir estas 53 iniciativas contra el cambio climático, que se encuentran disponibles en la página web, se ha efectuado un trabajo de campo durante el último año y se centraron particularmente en tres elementos: las olas de calor, las inundaciones y las sequías, considerados como uno de «los retos más importantes» actualmente. Los escenarios elegidos fueron Barcelona y Sevilla como ejemplo de dos urbes mediterráneas que sufren efectos similares.

«La ciudad resiliente es aquella capaz de anticiparse y enfrentarse a eventos climáticos extremos y de recuperarse sin que esto suponga una gran alteración de su funcionalidad» como recuerda el equipo, quienes también se enfocaron en cómo estos elementos plantean cambios de tipo artístico, urbanístico, de gestión o sociales en las ciudades para mitigar sus efectos. Algunos de los rasgos de estos movimientos, que tienen en común la «mirada comunitaria», son las iniciativas ecologistas de algunas personas haciendo presencia con mujeres y jóvenes probablemente influenciados por la activista Greta Thunberg o los colectivos nacidos del famoso Fridays for Future. En la publicación podemos encontrar iniciativas para ayudar a personas sin techo que sufren el calor extremo en la calle o para fomentar la climatización sostenible de los centros educativos públicos. La investigadora resalta que «En los movimientos ecologistas más tradicionales, había más visión naturalista; ahora los movimientos por el clima incorporan de raíz la justicia social» y apunta al movimiento que han vivido en los últimos años por el «cambio de escala» y aumento de interés social acerca del cambio climático.

Mar Satorras considera que la preocupación sanitaria pos-COVID-19 también se incorporará a estos colectivos y también estima que están manifestándose «nuevos movimientos de apoyo mutuo», también apuesta por que los movimientos ya estudiados y los otros similares existentes en el resto de España en relación al cambio climático, asuman el reto e incorporen el cuidado y la defensa de salud en sus idearios pero también destaca la importancia de plataformas en defensa de los servicios públicos o anti recortes. El escenario urbano que se abre con la nueva normalidad es «incierto», reconoce la investigadora, concluyendo que es incuestionable que dentro de los movimientos sociales que contribuyen a la resiliencia siempre habrá hueco para el «bien común».

Este proyecto llamado Rescities, coordinado por el grupo TURBA, formado por quince investigadores de distintas disciplinas, está financiado por la Agencia Estatal de Investigación, en el que de igual modo colabora personal investigador de la Universidad de Sevilla, la Universidad Pablo Olavide, la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat Internacional de Catalunya.

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Fuente: UOC – UNIVERSITAT OBERTA DE CATALUNYA

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