El pasado mes de diciembre, 195 países adoptaron el primer acuerdo global para atajar el  calentamiento de la tierra durante la Cumbre del Clima celebrada en París. Los esfuerzos –insuficientes según los propios negociadores– se centran en frenar el aumento de la temperatura del planeta limitando las emisiones de CO2 a la atmósfera.

En concreto, el acuerdo, que entrará en vigor en 2020, pretende que la temperatura media a finales de siglo haya aumentado solo entre 1,5 y 2 grados. La idea es que la segunda mitad de este siglo se llegue a una especie de equilibrio entre las emisiones que realizamos y la capacidad de absorber esos gases que tenemos. Lograrlo supone irremediablemente realizar un cambio de paradigma en la forma en la que producimos y consumimos la energía. Acabar con los combustibles fósiles (altamente contaminantes) antes de 2050 parece algo utópico tanto porque hay países que no están dispuestos a hacerlo, como por la «inmadurez» de las energías renovables, cuyo principal problema sigue siendo que son difíciles de gestionar (no siempre hace sol ni viento, por ejemplo).

Esto conduce directamente hacia uno de los principales retos de futuro del sector, el almacenamiento de la energía (sea cual sea la fuente emisora). «Lo que consumimos por el día y por la noche no es lo mismo y eso para las distribuidoras supone un problema», señala Vicente Gavara, European Project manager del Instituto Tecnológico de la Energía (ITE), que tiene este tema como su principal línea estratégica de trabajo.

«Las estrategias para solucionarlo pasan por crear grandes sistemas de almacenamiento que guardan la energía cuando tienes un exceso y la inyectan cuando tienes más demanda de la que puedas ofrecer», explica.

En la actualidad, sistemas de generación como las centrales nucleares, tienen una producción constante sea la hora del día que sea y haya el consumo que haya. Para Europa está impulsando la tecnología de los vehículos eléctricos. foto: ite marzo 16 # i+tech 11 de cerca En todo proceso de almacenamiento y transmisión se generan pérdidas almacenar ese exceso, algunas como la de Cofrentes, cuentan con dos embalses a distintos niveles en los cuales se bombea hacia arriba agua por la noche, para gastar esa energía sobrante, y se baja pasando por unas turbinas durante el día para volver a generarla.

ITE4Todo este proceso de transformación conlleva, además, una pérdida de la misma por el camino. Y esto no ocurre solo en grandes instalaciones, también en cualquier otro aparato alimentado por energía. «Cuando un teléfono móvil está caliente, quiere decir que la energía de éste se está desaprovechando en generar calor en lugar de en el uso, es decir, se está perdiendo», cuenta Gavara. De hecho, según datos del Banco Mundial, en el año 2011 el consumo por habitante de energía eléctrica por habitante en España era de 5.599 kWh, con unas pérdidas en la distribución y transmisión del 9 por ciento.

Ante estas cifras, el reto no es únicamente ser capaces de almacenar la energía que producimos, sino también hacerlo de una manera más eficiente. «Cuando hablamos de almacenamiento, nos referimos desde los componentes de una batería hasta los grandes sistemas de almacenamiento en la red. Una pila es lo que más nos puede sonar, pero también hablamos del vehículo eléctrico o los grandes sistemas que utilizan las distribuidoras de energía para balancear la diferencia entre oferta y demanda», detalla el experto, que añade que en el ITE trabajan «todos ellos». «El objetivo es conseguir baterías más eficientes que sean también más baratas y modelables para poder acoplarse a cualquier dispositivo», apunta.

Mejorar el almacenamiento es esencial para poder acumular la energía que producimos con menos pérdidas, especialmente la de las fuentes renovables, más difícil de controlar su producción al depender fuentes como el sol o del aire, pero también es básico para poder mejorar dispositivos como el vehículo eléctrico, que a día de hoy aún no convence a los usuarios por la corta autonomía de sus baterías.

«La tendencia a adoptar por el mercado son los vehículos eléctricos. Nosotros, quizá porque lo vemos día a día, sí que notamos que esa tendencia es creciente. En la calle aún es casual ver vehículos eléctricos, no se percibe que haya una 12 i+tech # marzo 16 de cerca adopción porque es verdad que su autonomía es menor que la de los vehículos convencionales y esa es una de nuestras líneas de trabajo».

De hecho, el ITE trabaja desde hace unos meses en un proyecto europeo de dos años en Europa que se persigue que las baterías de estos coches se gasten de la forma más eficiente posible, pues a día de hoy cargan energía que, por motivos de seguridad, se pierde. «Es otro de los desafíos que se nos presentan con este tipo de tecnologías, intentar aprovechar al máximo la energía que almacenan las baterías y también buscar químicas que almacenen más», apunta el experto.

Desde Europa llega también tendencia de que los propios coches sirvan como almacenes de energía y que, a través de cargadores bidireccionales, puedan cargar pero también proporcionar energía cuando la red así lo requiera (un porcentaje de su batería). Según Gavara, esto «está muy en pañales, pero se está propulsando es este modelo para que se empiece a adoptar por los países por las distribuidoras y por las comercializadoras».

La misma tecnología de las baterías de los coches, se puede aplicar a sistemas mucho más grandes. Un ejemplo es el de la empresa valenciana Ampere Energy ha comenzado a comercializar una batería mucho más grande, con un diseño muy cuidado para hogares o industrias, que está dotada de un sistema operativo que la conecta al mercado para comprar y almacenar electricidad cuando está a mejor precio y poder usarla cuando se necesite.

Precisamente, el precio de la energía es otro de los supuestos hándicaps para la implantación del vehículo eléctrico, especialmente en este momento en el que la luz ha subido y los combustibles fósiles han bajado. En este sentido, el experto del ITE manifiesta que «es de esperar que con el paso del tiempo el precio de la energía eléctrica será aún más competitivo». Y subraya que trabajar para mejorar el almacenamiento energético es «estratégicamente importante para Europa».

«La Unión Europea produce su propia energía eléctrica, no como el petróleo que se compra fuera, perdemos dinero para quemarlo. Con la energía eléctrica no pasa eso. Nosotros generamos la mayor parte de la electricidad que consumimos por lo que se evitaría esa salida de divisas del continente», destaca.logo_ite

Cambio a las renovables

«Es incuestionable que tenemos que generar energía de una forma más limpia, pero la forma de generarla se discutible –considera Gavara–. Hay un interés manifiesto en que se adopten energías alternativas por parte de los gobiernos, pero no hay ninguna política a nivel europeo definida sobre cómo gestionarlas, cada país tiene sus leyes. A nivel tecnológico –continúa– sí que hay un interés manifiesto en las energías limpias, sobre todo las basadas en vehículo eléctrico, que es lo que posiblemente más se está invirtiendo, pero sobre cómo legislar el tema de las renovables todavía no está muy claro».

Según el European Project manager del ITE, se supone que habrá «una transición lenta entre lo que es estar quemando carbón, que es una atrocidad en cuanto a contaminación, a generar esa misma energía con energía solar. Pero yo creo que todavía es un poco utopía pensar que vamos a apagar las centrales nucleares y alimentarnos del sol y el viento».

En París se pusieron los primeros ladrillos para conseguir que la vida humana en la tierra sea más sostenible. Ahora habrá que seguir de cerca el compromiso de esos casi 200 países para comprobar si realmente se cumple lo acordado o, una vez más, queda sobre papel mojado.

Fuente: ITE (Instituto Tecnológico de la Energía)

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