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La contabilidad pública abarca los principios, procesos y costumbres relacionadas con la economía de la hacienda pública. En otras palabras, es una rama derivada de la contabilidad que se encarga de los procesos de elaboración, seguimiento y control de la actividad económica en la administración pública.
La contabilidad general es considerada una ciencia social que estudia y analiza el patrimonio de las empresas o entidades con el objetivo de tomar decisiones y control con la información sistematizada que se registra en cuentas.
En el ámbito público, las operaciones de contabilidad analizan en detalle los efectos y resultados de los actos administrativos y otros aspectos de la obtención de bienes económicos para utilizarlos en la satisfacción de necesidades del conjunto de la población que cubre su función.
La contabilidad pública permite que los hechos económicos en los que intervienen las entidades públicas queden registrados en cuentas, de manera que pueda conocerse en todo momento el estado de los derechos y obligaciones de la función administrativa. Igualmente, mide el grado de recaudo de los diferentes ingresos tributarios, inversiones, costes y egresos que se derivan de las actividades económicas, financieras, sociales y presupuestales.
Asimismo, la contabilidad pública se diferencia de la contabilidad gubernamental por que la primera se encarga de la contabilidad de las administraciones públicas de ministerios, secretarías y cualquier otro organismo público.
Los contadores dedicados a la función pública deben tener una formación académica dirigida a poner en práctica el estudio de las entidades públicas desde todos los puntos de vista administrativos, con etapas que comienzan con la prevención, ejecución y control crítico.
Al igual que la contabilidad empresarial, la contabilidad pública se basa en unos principios fundamentales orientados a la obtención de los movimientos financieros, del patrimonio y de los resultados de las operaciones del sujeto contable. Los principios contables públicos son la uniformidad, la entidad contable, la gestión continuada, la prudencia, el registro, el devengo, la no compensación, la desafectación, la correlación de ingresos y gastos, entre otros.