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La depuración de aguas es algo muy común en los países altamente desarrollados. En países en vías de desarrollo la mayoría de los vertidos de aguas residuales no son tratados. Simplemente se arrojan al río, mares o lagos y se deja que los sistemas naturales, con mayor o menor eficacia y riesgo, degraden los desechos de forma natural.
Para la depuración de las aguas residuales se usan diversos métodos. Su elección depende de las características de los contaminantes que arrastre el agua y de otros factores más generales: localización de la planta depuradora, clima, ecosistemas afectados, etc.
Las aguas residuales son las que contaminamos tras ser utilizadas en las viviendas, industrias y agricultura. Estas aguas se canalizan en el alcantarillado junto con el agua de lluvia y la que discurre por las calles. Todo este volumen de líquido que asciende a millones de litros cúbicos al año puede someterse a diferentes niveles de tratamiento. Para conseguir un grado de purificación determinado se puede aplicar tratamiento primario, secundario, terciario y especiales.
El agua es un bien muy preciado, en el que reparamos poco a menos que nos falte. En este sentido la necesidad de cuidarla, y protegerla con métodos de depuración habla de nuestro paulatino cambio de mentalidad, y aumento de sensibilidad en temas de protección del medio ambiente.
Las personas con conocimientos sobre depuración de aguas pueden vincularse con éxito a la industria química, en plantas depuradoras de diversos niveles. En España la existencia de plantas de este tipo es bastante reducida.