¡Con solo 4 pistas!
La conciliación es diferente de la arbitración y de la mediación. La conciliación no tiene un suelo o base jurídico-legal, es decir, el conciliador no puede buscar evidencia o llamar testigos, ni toma decisiones por sí mismo a favor del uno o del otro. Además, su meta fundamental es conciliar buscando concesiones de las partes, que generalmente no tienen que verse en la misma mesa.
En el proceso de conciliación, el conciliador acude a cada una de las partes independientemente con el fin de aclarar cuáles son los objetivos que persiguen o los resultados a los que esperan llegar con la conciliación; luego se priorizan dichos objetivos y se va de parte en parte negociando cuáles objetivos pueden descartarse por no ser tan importantes, y se trabaja en los más importantes –que generalmente no coinciden entre las dos partes-. De este modo puede decirse que el conciliador media entre los objetivos de una parte y la otra, clasificando, jerarquizando y convirtiéndose en un facilitador en la creación de condiciones para alcanzar el fin.
La metodología de conciliación cubre una amplia gama de posibilidades, dentro de las que se encuentran la mediación, el diálogo sostenido, las disculpas públicas y la diplomacia. La conciliación requiere de habilidades muy precisas como lo son la capacidad de diálogo, el manejo de la comunicación lingüística, el liderazgo, y las destrezas para negociar, y es un medio idóneo para solucionar pacíficamente conflictos por su rapidez, economía, eficiencia y justicia.