Shodo, literalmente, significa "el camino de la escritura", y es la palabra que denomina la Caligrafía Japonesa. El camino de la escritura es una vía de introspección, se trata de una actividad cotidiana, aprender a escribir, pero convertida en arte; lo que conlleva necesariamente la implicación personal del calígrafo, la mirada hacia el interior para, posteriormente, realizar su obra. El pincel, flexible y adaptable, es la prolongación viva de uno mismo. El trazo fluido, natural, sin violencias y sin correcciones confiere al Shodo su peculiaridad principal: el trazo "imperfecto", si es espontáneo posee un valor incalculable; si se corrigiera, la tinta al secarse delataría la enmienda haciendo inservible la obra. En nuestro taller, cada alumno coge el pincel, aprende las escrituras (ideogramas) o las poesías, y practica escribiéndolos con tinta. Aunque el Shodo requiere mucho tiempo de práctica, repitiendo muchas veces el mismo trazo hasta que consigue una bella forma, los alumnos disfrutan de un rato sereno, de la concentración de la mente, las charlas, de vez en cuando, con los compañeros, y sobre todo su avance en cada clase.