¡Con solo 4 pistas!
Durante los estudios de la carrera de Trabajo Social es frecuente encontrarse con el concepto de mediación. Este término se usa para señalar aquella instancia en la que dos partes en conflicto intentan llegar a un acuerdo, evitando un litigio judicial. Esto no significa que la mediación sea un arreglo que no posea validez legal.
Actualmente, en las leyes se establece la figura del mediador y, aun cuando se puede utilizar en diversas instancias, por lo general se recurre a su participación en casos de conflicto familiar y, especialmente, en situaciones de divorcio. En estos casos, la idea detrás de la mediación es lograr que los padres no lleguen a una instancia de beligerancia en la cual, probablemente, surgirán feroces peleas por la tutela de los hijos y por las pensiones de alimentos. El mediador buscará que las discrepancias entre los ex cónyuges pierdan intensidad y vayan encontrando puntos comunes de encuentro. Lo importante es que ellos también logren ver que se trata de un acuerdo civilizado en pos de los hijos, que son los que verdaderamente deben quedar protegidos.
El equilibrio es la regla de este tipo de recursos. Es decir, que ninguna de las dos partes se aproveche de la otra o la perjudique con un acuerdo injusto por el que vea lesionado su patrimonio. Ahora bien, el hecho de que la mediación no ocurra dentro de un juicio, no la hace menos legítima. Es cierto que por sí sola la mediación no tiene efecto y, por esta razón, el documento en el que queda suscrito el acuerdo de ambas partes requiere de la confirmación de un tribunal.
La mediación puede ser realizada por un trabajador social o por un abogado que haya sido designado para tal tarea. Lo importante es que ambos profesionales tengan una preparación especial para manejar la psicología de las personas y para orientarla en medio de situaciones que, a veces, son emocionalmente difíciles.