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Trastornos psicológicos

Autor: Expocasa
Curso:
8,93/10 (190 opiniones) |21213 alumnos|Fecha publicación: 12/03/2004

Capítulo 25:

 La hiperactividad - Consecuencias

La mayor preocupación que debe reportar la hiperactividad no son las conductas que provoca, sino las consecuencias de estas conductas. Y es que el hecho de que el niño no preste atención no es un problema tan grave como el hecho de que esa falta de atención le impida aprender muchas de las tareas escolares básicas. Así, conviene que los familiares de los hiperactivos conozcan las principales consecuencias de este trastorno y la forma en que va a afectar al niño. En primer lugar, lo más común es que el comportamiento inquieto e impulsivo tenga como consecuencia la dificultad para hacer algunas tareas, así como la incorrecta realización y, sobre todo, problemas de disciplina y dificultad para relacionarse con otros niños.

Por otro lado, hay que señalar que, normalmente, y debido al desconocimiento de la hiperactividad por parte de las personas que rodean al niño, éste suele ser continua fuente de recriminaciones y calificaciones como la de 'desobediente'. Esto suele conllevar una serie de problemas emocionales, como la falta de autoestima, la dependencia o el bajo nivel de tolerancia. Asimismo, se puede producir depresión, ansiedad e, incluso, agresividad. Por ello, ante la sospecha de que el niño sea hiperactivo hay que acudir inmediatamente al médico con el fin de que él diagnostique con seguridad este trastorno e indique a los familiares la forma en la que debe actuar.

Cómo convivir con un hiperactivo.- Aunque el tratamiento psicológico y farmacológico es fundamental para que estos niños consigan integrarse en su entorno, los adultos que rodean al hiperactivo también tienen un papel fundamental en la evolución del trastorno del niño, especialmente los padres y maestros que están encargados de su educación. Convivir con un niño de estas características es complicado y, en ocasiones puede resultar, incluso, extresante, pero siempre es conveniente consultar a un especialista que indique cómo tratarlos y cómo intentar evitar algunas situaciones desencadenadas por el descontrol que el niño tiene de algunas situaciones. Existen algunas recomendaciones generales sobre la forma de establecer la rutina diaria con estos niños para que se adapten a unos horarios y no fomentar el descontrol. Por ello, hay que establecer una serie de hábitos regulares, es decir, horarios estables para cada tarea, como la comida, el sueño, hacer las tareas escolares o ver la televisión.

Asimismo, hay que establecer unas normas claras a seguir en el hogar, estableciendo claramente los límites que el niño no debe sobrepasar. Para ello, lo primero que hay que conseguir es el consenso entre los padres, ya que si éstos mantienen discusiones sobre las normas delante del niño, éste no será capaz de distinguir lo que es correcto y llevará a confusión. Siempre que se establezcan normas debe hacerse de forma explícita, es decir, que el niño tenga claro qué es exactamente lo que se espera de él.

Por otro lado, lo expertos aconsejan a los padres informar al hiperactivo sobre sus conductas intentando que sea él mismo el que evalúe su actuación, sin necesidad de recurrir a la recriminación. Del mismo modo, siempre que tengan conductas correctas es necesario reforzarla positivamente, premiándo esta conducta, no sólo de forma material sino que puede ser un premio afectivo, un beso o un abrazo que le hará entender que está actuando correctamente. En el caso contrario de que el niño no actúe bien o no obedezca hay que tener siempre en cuenta que emplear castigos físicos es del todo negativo, mientras que lo conveniente es intentar enseñarle lo que ha hecho mal y cuál debe ser su comportamiento en otra ocasión. Como castigo, lo expertos recomiendan que en lugar del castigo físico éste consista en que el niño pierda algunos privilegios de los que goza ante el incumplimiento de alguna norma.

Tampoco ayuda el hecho de que oiga continuamente que es un desastre o un desobediente, es decir, no se le debe recriminar mediante etiquetas porque éstas pueden influir en su autoestima y pueden llevar a la depresión. Finalmente, hay que saber que mantener una actitud optimista con espectativas positivas es importante no sólo para el niño, que percibirá la confianza que se ha depositado en él, sino también para los padres que no deben derrumbarse ante las continuas desbediencias del niño, ya que a medida que éste se adapte a su ritmo de vida disminuirá el descontrol y la inquietud.

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