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¿Cómo se relacionan el psicoanálisis y la estructura mental?

A pesar de las décadas de estudio, la mente sigue siendo un misterio para científicos y personas en general. Sabemos que dentro de ella hay deseo, pulsiones, necesidades, principios y valores que influyen el desarrollo de nuestra vida diaria, pero no entendemos a cabalidad cómo funciona.

En esa carrera constante por llegar a conclusiones sólidas, encontramos el psicoanálisis, un método de tratamiento psicoterapéutico que busca explicar cómo la comunicación y el comportamiento integral operan en los humanos. Fue impulsada por Sigmund Freud y en el siguiente artículo repasamos un poco los fundamentos de esta corriente psicológica, ampliamente difundida y practicada en la actualidad.

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Niveles básicos del psicoanálisis

En un primer nivel, la mente contiene actitudes, predisposiciones e inclinaciones a actuar de cierta manera. Según el psicoanálisis, estas actitudes y predisposiciones se rigen por valores, deseos y pulsiones que Freud creía enterradas en el subconsciente, pero que son las que nos impulsan a hacer unas cosas sobre otras.

Por otro lado, la mente también alberga actitudes superficiales que Freud calificaba como ‘perceptivas’ y que son las que hacen que reaccionemos y actuemos de cierta manera ante las cosas cotidianas de la vida. Aclarado esto, es importante recordar que Freud veía la mente como un iceberg que solo asoma una ínfima parte, pero bajo el mar esconde su cuerpo entero. Con esta metáfora en mente, dividió la mente en tres niveles claramente diferenciados: el superyó, el yo y el eso.

  • Superyó

Es la capa superior y más alta, a la que Freud le dio el valor representativo de la realidad. El superyó es el nivel hiperconsciente del ser humano y es este nivel el que nos ‘dice’ cómo hacer las cosas. En otras palabras: es aquí donde reside la moral. Es el superyó el que nos dice lo que es bueno y lo que es malo según nuestra escala de valores, marca la ética de nuestras acciones y nos advierte que si no seguimos las normas habrá un castigo.

Se dice que el superyó es un nivel que se construye socialmente y es el responsable de que podamos vivir en comunidad, pues nos limita a hacer las cosas “de la manera correcta”.

  • El Yo

Según el psicoanálisis, este segundo nivel es donde nacen los discursos racionalizadores y funciona como una especie de juez entre los juicios morales que impone el superyó y los impulsos de placer que produce el Eso. En otras palabras: el Yo es la parte racional de nuestra mente y estimula el desarrollo de mecanismos de protección y placer como los siguientes:

Sublimación: es la proyección del deseo en clave de metáfora. Se trata de un mecanismo usado constantemente, pues es el que rige las actividades superiores en la escala de conflictos o tendencias no aceptadas.  

Racionalización: un mecanismo de protección que consiste en desactivar de manera racional pensamientos o emociones que no son de nuestro agrado, bloquear pensamientos complejos y mentirnos a nosotros mismos para hacernos sentir mejor.

Regresión: pensar constantemente en el pasado, comportarnos de manera infantil, volver a actuar como lo hacíamos en etapas vitales anteriores en las que no teníamos los problemas que tenemos ahora. Un ejemplo claro de este mecanismo es adoptar voz infantil cuando sentimos vergüenza porque encontramos en ello cierta sensación de sosiego.

Desrealización: es cuando la mente difumina e intenta eliminar por completo pensamientos o recuerdos que no nos resultan agradables. Esto explica porqué solemos no acordarnos con detalle de las cosas malas que nos han pasado, especialmente si ha corrido tiempo entre el hecho y el presente.

  • El Eso

En este tercer nivel se localizan las desilusiones más primitivas del ser humano. Hablamos de la más antigua de las estructuras mentales y por ello ha sido regulada a lo largo de los siglos de evolución.

Freud asegura en sus estudios que el Eso está regido por la búsqueda de placer y en esa búsqueda confluyen dos pulsiones: el Eros y el Tánatos. Eros significa placer y deseo en su estado más puro y Tánatos, por el contrario, es símbolo de muerte. Esto explica por qué cuando se reprime el deseo de manera severa (como ocurre en sociedades muy religiosas), se puede llegar a un estado de mortificación y sufrimiento.

Otra forma de ‘despertar’ a Tánatos es a través de las adicciones, el alcohol, los juegos, las apuestas y cualquier práctica que resulte perjudicial a largo plazo para nuestra salud emocional y física.

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