La investigación se llevó a cabo durante la Noche Europea de los Investigadores con 160 participantes que acudieron a la universidad Pontificia Comillas.

¿Seríamos más compasivos si practicáramos mindfulness con regularidad? ¿Mejorarían nuestros comportamientos prosociales? ¿Tendríamos actitudes más sostenibles? Según una investigación llevada a cabo por el grupo de investigación E-SOST de la Universidad Pontificia Comillas durante la Noche Europea de los Investigadores, la respuesta es afirmativa.

“Hemos demostrado que el mindfulness permite alcanzar un estado que nos ayuda a estar más serenos, a silenciar el parloteo que hay en nuestra mente, a reducir los pensamientos obsesivos, a mitigar nuestros prejuicios…”, admite Carmen Valor, directora del grupo de investigación E_SOST de Comillas ICADE. Y cuando esto sucede, “nos sentimos más conectados con los demás seres, lo que nos ayuda a ser más compasivos y, en definitiva, a ser más conscientes de nosotros mismos y de los demás”, añade Amparo Merino, profesora de Comillas ICADE y responsable de la línea de Educación para la Sostenibilidad de la universidad.

Para demostrar la hipótesis de partida, el grupo de investigación E_SOST –que también trabaja en una línea relacionada con mindfulness y educación– dividió a los 180 asistentes en tres grupos de 60 individuos. Uno de ellos hizo una práctica de mindfulness ético –que se centra en el desarrollo de las capacidades morales: la gratitud, la esperanza, la compasión, el amor…–, otra de mindfulness no ético –que suele usarse en entornos clínicos, y trata solo de mantener la atención al presente y en la no reacción– y otros hicieron algo similar al mindfulness pero que en realidad era una relajación corporal. Para conocer si había un desarrollo del comportamiento prosocial, se midieron dos cosas: si habían mejorado en altruismo (pidiendo que repartieran un cheque de 100 euros con un desconocido) y si habían mejorado su comportamiento ambiental, pidiéndoles que eligieran un chocolate normal o sostenible. Además, se midió si reciclaban los materiales que se les entregaba (vaso de plástico y papel), contando los vasos y hojas que echaban a las papeleras de los pasillos.

Según Carmen Valor, los resultados demuestran que “el mindfulness ético es una opción muy adecuada para incrementar nuestros niveles de atención hacia el medio ambiente y para potenciar nuestras relaciones sociales con comportamientos altruistas”. Para los investigadores, el mindfulness es una técnica que debería potenciarse en los colegios y formar parte en la educación de los más pequeños dada su efectividad.

Los resultados se consiguieron con una práctica de mindfulness de diez minutos. ¿Qué pasaría si lo hiciéramos cada día? “Practicando mindfulness ético durante 15 minutos al día igual sí que podríamos cambiar el mundo”, afirma Fernando Tobías, experto en mindfulness y profesor del Diploma de Habilidades Personales de la Universidad Pontificia Comillas.

 

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Fuente: Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE

 

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