La tartamudez es un trastorno de la comunicación que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla. Además se acompaña de tensión muscular en  la cara y el cuello y provoca sensaciones de miedo y estrés. Sea como sea, no hay que confundirla con los trastornos del lenguaje. Aunque este problema tiene cada vez más visibilidad social (por ejemplo, el día 22 de octubre se celebra el Día Mundial de la Tartamudez) aún hay mucho desconocimiento sobre cómo afrontarlo. En este sentido, la tarea de los logopedas resulta fundamental, tanto a nivel terapéutico como divulgativo. 

Sin embargo, la falta de información contribuye a alimentar varios mitos sobre la tartamudez. Lejos de fomentar la normalización del trastorno, estos rumores aumentan el sentimiento de inseguridad de los afectados. En este post, enumeramos cinco creencias falsas sobre los tartamudos. ¿Y tú? ¿Quieres saber más sobre logopedia? ¡Consulta los cursos disponibles en Emagister y ponte manos a la obra! ¿Cuándo empiezas?

5 mitos urbanos sobre la tartamudez que conviene desterrar

  1. Voy a superar mi tartamudez. Por desgracia, las personas que se recuperan de la tartamudez lo hacen en edades tempranas. Muchas personas comienzan a tartamudear entre las edades de dos y cuatro años. Estas personas, si se recuperan, lo harán a los siete u ocho años. Es por esto por lo que si una persona llega a la juventud con tartamudez es probable que continúe así hasta la adultez. Sin embargo, eso no significa que no pueda seguir un tratamiento para mejorar.
  2. Estoy solo. Muchas personas que tartamudean crecen sintiéndose solas y aisladas. Pero no lo están. Muchos expertos están de acuerdo con que cerca del 1% de la población mundial tartamudea. Esto quiere decir que 500.000 personas en España y aproximadamente 67 millones de personas en el mundo padecen el trastorno.
  3. Tartamudeo porque soy una persona nerviosa. La ansiedad no causa la tartamudez, pero puede provocar que la tartamudez sea más severa en algunos momentos. Lo más frustrante de la tartamudez es que cuando queremos tartamudear menos es el momento en que tartamudeamos más.
  4. Necesito esconder mi tartamudez. Si en algún momento te ha pasado, estás teniendo una reacción normal ante esta situación difícil. Pero la realidad es que el bochorno de perder el control es mucho peor que la vergüenza que provoca tartamudear. Lo más importante es decir lo que quieres decir cuando lo quieres hacer.
  5. La tartamudez me atrasará en la vida.  Las personas que tartamudean son igual de inteligentes y capaces que todos los demás. En la historia ha habido muchas personas que tartamudean que son sumamente inteligentes, talentosas y exitosas. Por ejemplo, Albert Einstein o Charles Darwin.

¿Y tú? ¿Padeces repeticiones involuntarias en el habla? ¡Comparte tu experiencia con nosotros en un comentario! ¡Fuera tabúes!

Fuentes: El País y Fundación Americana de la Tartamudez

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