El movimiento consciente es una manera de sentir, percibir y conocer el propio cuerpo con el fin de dotarle de una educación psicomotriz fina, basada en la organicidad del movimiento. Es la base técnica de la Gimnasia Consciente.
¿Qué quiere decir organicidad?
La organicidad es el paso del movimiento de una zona a otra de forma fluida y organizada, sin obstáculos tensionales. La excesiva tensión muscular (hipertonía) y la falta de ella (hipotonía) puede tener un origen biomecánico o emocional, pero tanto las manifestaciones físicas como las psíquicas conforman un conjunto inseparable que, cuando no están equilibradas podemos detectarlo en la falta de organicidad del movimiento.
En nuestra escuela Estudio Schinca, el estudio del Movimiento Orgánico o Gimnasia Consciente ha constituido el pilar de la formación personal y educativa, ya que adquiriendo este conocimiento estaremos preparados para comprender muchos aspectos propios, como es nuestro estado emocional y como consecuencia, sabremos leer mejor el cuerpo de nuestros congéneres.
Un dicho popular dice que “el rostro es el espejo del alma”, pero nosotros sabemos que todo nuestro cuerpo es una caja de resonancia por lo que sentimos la vida en todo nuestro cuerpo.
El prestigioso neurocientífico Antonio Damásio, dijo:
“El día que entendamos al movimiento habremos entendido la emoción”
Por lo tanto, la toma de consciencia del cuerpo nos va a ayudar a conocernos mejor, a comprendernos y aceptarnos. Además, el estudio del movimiento orgánico nos permitirá desarrollar la creatividad corporal tanto hacia el ámbito artístico como el terapéutico.
¿Podemos recuperar la organicidad del movimiento a una edad adulta?
Desde luego que sí, nuestro organismo está preparado para los cambios y la capacidad de adaptación es enorme, pero tenemos que poner de nuestra parte, ser pacientes y dejarnos orientar por un profesor preparado y competente.
Es importante comenzar con un trabajo meticuloso basado en las sensaciones propioceptivas, buscando la integración de la conciencia del cuerpo con la vivencia del mismo. Son percepciones internas: articulares, tónico-musculares, respiratorias, relaciones de unas partes del cuerpo con las otras en un todo transformable, que van configurando poco a poco esa consciencia y esa vivencia, siendo esta última la forma personal de vivir el cuerpo.
Para llegar a construir un cuerpo orgánico, previamente hay que percibir, sentir y conocer cada parte del cuerpo. Se descubre cada músculo y se exploran sus funciones, cómo actúa sobre la parte ósea que mueve, aisladamente.
Después de aislar las zonas se ayuda a percibir cómo cada contracción muscular gravita sobre otro u otros músculos encadenando los movimientos mientras se establece un «recorrido articular», lo que Delsarte llamó «principio de sucesión». Este tipo de movimiento es especialmente armonioso porque se ve tanto de desde el exterior como en nuestras percepciones kinestésicas (de movimiento), como una corriente que recorre el cuerpo en ondas. Los movimientos tienen un origen, un recorrido y un final definido, dentro del cuerpo y en el espacio.
A medida que se adquiere esta consciencia del movimiento y de los gestos se comprenden las sensaciones kinestésicas. Esta comprensión lleva un tiempo, ya que no por hacerlo significa que nuestro cerebro haya registrado todas estas sensaciones, por lo que necesita de una práctica constante, un tiempo para que nuestro cuerpo y nuestra mente puedan asimilar este alimento.
Con el tiempo iremos comprendiendo cómo se organiza la estructura global del cuerpo en el movimiento fisiológico y la postura, mediante dos centros: la cintura pélvica y la cintura escapular de los que parten los movimientos hacia la periferia y de éstos hacia el interior. Estas respuestas naturales de trasmisión a través de las articulaciones y de organización de los segmentos es lo que se llama el fluir del movimiento libre, es decir que “esta persona se mueve con mucha organicidad”.
Escrito por:
Marta Schinca y Helena Ferrari
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