En muchos países anglosajones está mal visto incluir nuestra foto en el currículum porque «puede provocar discriminación». Sin embargo, en España y Latinoamérica todavía hoy es un requisito casi indispensable si no queremos que nuestra candidatura acabe en la máquina trituradora antes de tiempo.

De hecho, es tal la cantidad de currículums que llegan para cada oferta, que muchos se descartan directamente a pesar de cumplir todos los requisitos por el simple hecho de no llevar una foto incorporada del candidato. Dicho esto, lo importante no es poner una foto en nuestro CV: lo importante es poner una buena foto en nuestro CV.

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¿A qué nos referimos con una buena foto? Aquí te ofrecemos algunos consejos básicos para que tu foto de currículum haga sumar (y no restar) puntos.

Elegir un buen encuadre
Parece algo muy obvio: ¿cuántas veces le has pedido a algún transeúnte que te hiciera una foto en un lugar turístico y le falta cielo o le sobra suelo? Eso es el encuadre: lograr que el protagonista aparezca en el centro de la imagen sin que quede demasiado aire, en argot fotográfico, alrededor. Es mejor un plano medio, que un primer plano o plano general.

Conocer la importancia de la perspectiva
La perspectiva también es importante. Aunque lo primero que se detecta en una foto es si está bien o mal encuadrada, el ángulo con el que retratamos al sujeto conlleva un mensaje no explícito. Los retratos sacados desde arriba empequeñecen al candidato, y éste transmite docilidad. Por el contrario, los retratos realizados ligeramente desde abajo transmiten fuerza y poder. En todo caso, para una foto de currículum lo más recomendable es no hacer piruetas y tomar una fotografía frontal.

No olvidarse del fondo
Puede darse la situación de que nos hagan una foto perfectamente encuadrada y con una buena perspectiva, y que, sin embargo, no le demos importancia al fondo. En este caso, es posible que el receptor de nuestro currículum todavía esté riendose del papel con cerditos dibujados de nuestra habitación, o del comedor con sus trofeos y muebles-bar incluidos. No nos la juguemos: el fondo que aparecerá dice mucho de nosotros. No es recomendable que detrás de nosotros aparezcan paisajes, ni escenas de ocio, ni paredes con dibujos, ni por supuesto personas que «pasaban por ahí». Busquemos una pared blanca o monocromática antes de hacer la foto. Si disparamos en modo manual la cámara, deberemos escoger una apertura de diafragma grande (es decir, una «f» pequeñita); así conseguiremos salir nítidos y el fondo mucho más desenfocado.

Luces, cámara… ¡acción!
El iPhone 6 que te trajeron los Reyes Magos hace unos timelapse fantásticos, y las fotos con filtros y marcos quedan divinas. Pero nos disponemos a hacer la foto del currículum, así que deja tu móvil (aunque tenga millones de megapíxieles) y coge prestada una buena cámara digital, a poder ser con trípode. Pide a alguien que sepa de fotografía que te tome el retrato (¡prohibidos los selfies!), y en caso de no disponer de equipo o de conocidos con aptitudes, acércate a una tienda de fotografía y paga por un retrato profesional. No querrás perder ese empleo que tanto anhelas por ahorrarte diez o quince euros, ¿verdad?

Cuidado con la ropa que elijas
Si nos postulamos para trabajar en un banco o una multinacional, lo más nromal es que los hombres se hagan la foto con traje y corbata y las mujeres con traje. Pero en el resto de casos, bastará con que vistamos de manera formal sin que sea excesivamente elegante. No tenemos que impostar lo que no somos, y es importante que nos sintamos cómodos. Eso no quiere decir, evidentemente, que nos pongamos el chándal que usamos para estar por casa. Es recomendable evitar prendas en las que aparezcan grandes logotipos de marca o estampados estridentes. Por el contrario, lo más adecuado son los colores neutros y lisos.

La famosa media sonrisa
Ni una risa de carcajada ni una boca cerrada a cal y canto; intentemos ser naturales y aparezcamos con una leve sonrisa que muestre que somos personas afables y optimistas, como la Mona Lisa. A veces, es complicado encontrar el tono perfecto de sonrisa, así que no desfallezcas y haz tantas fotos como creas necesario.

El maquillaje, para salir de fiesta
Nada de maquillarse mucho, ni usar colores brillantes o fuertes. Posiblemente querramos esconder las ojeras o darnos un toque de rímel o pintalabios, pero escojamos colores neutros. Si usamos colorete, tenemos que recordar que el rosa va bien para las pieles claras y el rojo para las oscuras, mientras que el color del pintalabios debe mantener concordancia con el vestido o la camisa que llevemos. Nada de parecer un camaleón. Y como apunte final: maquillémonos una media hora antes de tomarnos la foto. Si quieres aprender más sobre estilismo, no pásate por este enlace.

Si nosotros cambiamos, la foto también
Si después de tantos esfuerzos has dado con la foto perfecta, úsala en tu currículum. Pero recuerda que este retrato no nos servirá para siempre, ya que, nos guste o no, los años no pasan en balde, y las modas tampoco. Si hemos cambiado mucho, es imprescindible que actualicemos la foto del currículum. Los expertos aseguran que este tipo de foto no debería tener más de un año de antigüedad, aunque si no hemos cambiado mucho, tampoco hace falta que repitamos el proceso anualmente.

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