La secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades dio a conocer su informe Inserción Laboral de los Estudiantes Universitarios en el 2014.  El informe señala en qué medida las tasas de desempleo que afectan a la población española se evidencian entre los titulados universitarios, cuáles son las carreras con mayor salida laboral y la adecuación del puesto a la titulación obtenida.

Si quieres conocer los datos del informe de 2014 y no quedarte atrás en el 2015, sigue leyendo.

Los resultados son bastante desalentadores: si bien la tasa de desempleo es menor entre titulados, ha aumentado por encima de la media de la OCDE y la UE21, en todos los niveles educativos. Hablamos de un 14% de desempleados con educación terciaria en 2012 (contra un 6% en 2005). La media de la OCDE y UE es de un 5-6% para esta franja de la población.

El informe está calculado sobre 190.000 estudiantes que concluyeron sus estudios en 2009 y rastrea su entrada en el mercado laboral para señalar qué porcentajes se encuentran trabajando en un empleo acorde con su formación al cabo de cuatro años.

Los datos hablan por sí mismos: en cuatro años, el 92% de los licenciados en medicina se encuentra trabajando, seguido del 84% de diplomados en óptica y optometría y los licenciados en ciencias actuariales y financieras, y el 82% de los ingenieros electrónicos y en automática y electrónica industrial. Es notable la altísima demanda de médicos y personal sanitario, que coincide con un elevado número de estudiantes en todas las universidades. Por el contrario, actuarios e ingenieros forman parte de un reducido grupo, tanto de estudiantes como de titulados.

Por otra parte, tras cuatro años buscando trabajo, solo el 16% de los licenciados en radioelectrónica naval están trabajando, y destacan entre un listado de filólogos que se sitúan por debajo del 40%: las filologías gallega, hebrea, románica, eslava, árabe y portuguesa no alcanzan ese porcentaje. Cabe destacar que estamos hablando de entre 6 y 80 titulados, un número que contrasta con los 1900 licenciados en bellas artes que tampoco llegan al 40% de empleo. Existe evidentemente una demanda académica mucho mayor a la demanda laboral, y el área de artes y humanidades es la que peor lo tiene en calidad: el 30% trabaja por debajo de su nivel de capacitación.

El análisis de estos resultados permitirá varias líneas de actuación. En primer lugar, todos los estudiantes que deseen comprobar la empleabilidad de su carrera elegida (antes o después de haberla comenzado) tendrán los listados disponibles y actualizados cada año. A mediano plazo, se espera que estos datos tengan también efecto en la planificación académica de las distintas universidades, tal vez más acorde a la oferta y la demanda del mercado laboral. De hecho, este curso la Universidad de Barcelona decidió eliminar el grado en filología románica, y los itinerarios de lenguas modernas y lingüística que no incluyesen una lengua «atractiva» para el mercado.

Las estadísticas son difíciles de entender si se las toma de forma aislada, y la alta demanda de estudios de humanidades y artes no es un detalle que pueda saltarse a la hora de planificar las opciones que ofrecen las universidades. Tal vez la clave se encuentre en modificar los planes de estudio para actualizar la formación de los humanistas de acuerdo con el siglo XXI: que adquieran conocimientos de programación, crítica práctica y emprendimiento digital para participar activamente del mundo que los rodea. Google, entre otras compañías tecnológicas, espera ese perfil hace años.

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