El contexto actual y las organizaciones tienden a nuevas formas de trabajo enfocadas a un liderazgo sistémico y participativo. No hay un único líder, hay un equipo en el que lidera la persona que tiene mayor contexto y conocimiento según la situación.

Luz Garrido, que se dedica al Desarrollo de Personas y Organizaciones, destaca la importancia de detenernos y pensar que “no todos los jefes son líderes, y no todos los líderes son jefes. Pueden ser lo mismo o no, y solemos confundir ambos términos como si fueran de la mano necesariamente. Hay casos en los que un jefe también es un líder para el equipo, pero no necesariamente siempre sucede así”.

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El primer paso es definir ambos conceptos para poder diferenciarlos. El Jefe es la persona que tiene autoridad o poder sobre un grupo para dirigir su trabajo o sus actividades. En cambio, el Líder es aquella persona que encabeza y dirige un grupo o movimiento social, político, religioso, etc.

En un principio, la diferencia está clara, pero en el día a día, son muchas las actitudes que pueden hacer que una persona entre en el perfil de líder o de jefe. En una visión empresarial innovadora se tiene líderes que dirigen a las personas como un equipo de trabajo, motivándolos de forma constructiva y en conjunto, con el fin de cumplir con los objetivos trazados. El liderazgo es una capacidad que no todos tienen, por lo que no todos pueden ser líderes.

Rafael Tomás Cardoso, docente del Máster Oficial en Dirección y Gestión de Personas de la Escuela de Negocios y Dirección – ENyD, plantea cinco características que presenta un buen líder:

  1. El líder es carismático, atrae a su alrededor a un grupo de personas que valoran sus habilidades. Creen que pueden aprender y mejorar las suyas junto a él.
  2. El líder genera confianza como persona resolutiva. Tiene capacidades para dar respuesta a situaciones nuevas y retos sobrevenidos.
  3. El líder acompaña al pupilo en su aprendizaje y cataliza la mejora y el desarrollo de sus habilidades, y así lo siente éste, lo que refuerza su adhesión al líder.
  4. El líder orienta en la toma de decisiones y elección de opciones, pero desde el consejo y la información, no desde la dirección y el mandato.
  5. El líder supervisa el seguimiento de sus orientaciones en la ejecución de las acciones cooperativas del grupo, y corrige a sus compañeros/colaboradores, con indicaciones (no con órdenes), por ello da y escucha razones, dialoga, y si es necesario, modifica o cambia su postura o posición.

Pero, ¿en qué se diferencian los jefes de los líderes? José Vera, docente de RRHH de ENyD, detalla las principales diferencias entre un Líder y un Jefe.

  • Mientras que para un jefe al uso, la autoridad es un privilegio concedido por su puesto de mando, para un buen líder, la autoridad es un privilegio solo si es una herramienta útil para la organización.
  • El jefe basa su influencia en la autoridad y hace valer su posición dentro de la jerarquía. El líder se gana la simpatía y la voluntad de quienes le rodean y cuida su liderazgo cotidianamente.
  • El jefe infunde temor, miedo, suele amenazar, y su equipo recela de él, le ponen buena cara cuando está cerca pero le critican duramente cuando no está presente. El líder es una fuente de confianza, empodera a las personas, genera entusiasmo cuando trabaja y estimula al grupo reconociendo las buenas labores y el esfuerzo de sus miembros. De este modo, el jefe controla a su equipo, mientras que el líder delega, inspira y muestra confianza en sus seguidores.
  • Los jefes no se relacionan con los empleados. Sin embargo, el líder conoce personalmente a los colaboradores y se interesa por sus vidas.
  • El jefe administra, el líder innova. El jefe sigue pautas prefijadas, el líder busca caminos nuevos.
  • El jefe está atento a los sistemas (a las cosas). El líder está atento a las personas.
  • El jefe suele ser cortoplacista. El líder siempre está escrutando el horizonte, busca el largo plazo.
  • El jefe pregunta (a los demás): ¿Cómo? ¿cuándo? ¿cuánto?. El líder se pregunta (a sí mismo): ¿Qué? ¿por qué?¿cuáles son las consecuencias?…
  • Un jefe selecciona currículums y títulos. Un líder busca personas que encajen en el equipo; personas que creen en lo mismo que el líder.
  • El jefe busca el beneficio de la empresa por encima del beneficio de las personas. Genera relaciones asimétricas, verticales, en las que se fijan unos objetivos que hay que conseguir para que él responda a sus superiores en orden de jerarquía. Mientras que el líder está al servicio de las personas de la organización, al servicio del equipo. Cuida a las personas, cuida de las relaciones, escucha, vela por el desarrollo del equipo.

Muchos empleados perciben estas diferencias, lo que “provoca el riesgo de que algunas personas se aprovechen de la postura flexible del líder”, matiza Tomás Cardoso. No obstante, “también hay empleados (pasivos) que prefieren tener jefes, y hay seguidores (inquietos) que si no tienen un líder que les guíe, no están satisfechos”, matiza Vera.

Luz Garrido destaca que “para que otros nos guíen, debe haber unos líderes a los que queramos seguir, y el hecho de percibir las diferencias hace que alguien sea un jefe solamente o un líder. Se mire desde donde, se mire en el liderazgo siempre hay un elemento común, y es la voluntad del equipo de ser guiados por esa persona”. Garrido aprovecha para destacar la frase de Simon Sinek sacada de su libro “Los líderes comen al final”: “ nadie se despierta por la mañana para ir a trabajar con la esperanza de que alguien le dirigirá, sino con la esperanza de que alguien le guiará”.

Al final, todo depende del grado de motivación que tengan las personas por el trabajo y por la tarea que tengan encomendada. Cada uno tendrá que definir el tipo de persona que quiere tener por encima, si un jefe o un líder. El seguidor que tenga a un jefe por encima, deberá buscar un entorno donde tenga un líder.

Es el caso de los «free riders«, son aquellos que van por libre e “intentan aprovecharse o maximizar esa situación a su favor, para intereses perversos de gente como pueden ser los perezosos o los mentirosos”, explica Tomás Cardoso.

En la Gestión de Personas, por ejemplo, “resulta poco adecuado e ineficaz el autoritarismo/despotismo como el buenismo/exceso de confianza”. Por lo que el líder debe ser capaz de identificar al free rider del grupo (si lo hubiera) para motivar motivar su adhesión a los intereses y esfuerzos del grupo. Si no lo consigue, debe dejarle fuera.

Para José Vera, no hay muchas semejanzas entre ambas figuras. Son dos perfiles muy distintos. Tal vez la única semejanza está basada en el concepto de autoridad, pero «mientras que los jefes tienen una autoridad impuesta por otros, los líderes se ganan la autoridad por el reconocimiento de la misma por parte de sus seguidores».

En definitiva, la diferencia entre ambos se caracteriza principalmente por el grado de cercanía personal de una figura y otra. El jefe trabaja centrándose en sus productos mientras que el líder se centra en las personas. Esto crea un dilema entre el poder y la inspiración. Bajo la tutela del jefe se trabaja debido a la presión que ejerce su posición, mientras que el líder crea inspiración y motivación para trabajar.

¿Cómo ser un líder y no un jefe?

Luz Garrido destaca una serie de aspectos esenciales para llegar a ser un gran líder:

  • Un líder está dispuesto a entregar por los demás algo suyo, está dispuesto a invertir su tiempo y su energía por el beneficio de los demás.
  • Un líder es consciente del espacio que ocupa y hace uso de su autogestión para dar espacio al resto del equipo, facilitando así el desarrollo de los demás.
  • Un líder habla de “nosotros” siempre, renuncia a acaparar la atención y a hablar en términos de “yo”.
  • Un líder se vuelca en el desarrollo de las personas, en el aprendizaje, en la colaboración.
  • Un líder teje relaciones basadas en confianza. Sabe que tener o no tener confianza marca la diferencia y es el pilar donde construir el equipo.
  • Un líder está siempre al servicio del equipo. Busca siempre la manera de hacer mejor al equipo.
  • Los líderes inspiran, cultivan la confianza, la responsabilidad y la autonomía. Promueven el trabajo horizontal, el autoconocimiento y el conocimiento del equipo para facilitar que emerja así el liderazgo participativo.
  • Un líder es coherente entre lo que piensa, dice y hace, siendo consciente, además, del impacto que tiene en los demás.

«Aprender a ser un buen líder es un camino largo y complejo, ya que hay rasgos y habilidades con un componente innato. Pero con esfuerzo, muchas de estas habilidades pueden ser aprendidas y mejoradas con el tiempo», concluye el docente del Máster En Dirección y Gestión de Personas de ENyD.

Fuente: Escuela de Negocios y Dirección

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