El Método Montessori es una propuesta pedagógica basada en la observación científica de los niños y niñas, sus diversas fases de desarrollo a lo largo de la vida, sus potencialidades, intereses y capacidades. La educación Montessori se centra en el niño, permitiéndole desarrollarse y aprender a su ritmo en un ambiente preparado y estimulante que se adapta a sus necesidades. María
Montessori aseguraba que todo educador debe “seguir al niño”, reconociendo las características de cada etapa de edad y sus necesidades educativas específicas.
Una de las características principales del Método Montessori es el ambiente preparado. Este entorno debe ser ordenado, bello, de tamaño adecuado, real, entre otras cosas, donde cada elemento ha sido seleccionado por un motivo específico para el desarrollo del niño. El ambiente debe ser favorable tanto física como espiritualmente, para que los niños sean capaces de darle sentido al mundo que les rodea.
Otra característica importante del Método Montessori es el respeto del ritmo de aprendizaje del niño. Cada niño tiene un ritmo diferente, y el adulto debe respetarlo, evitando intervenir o hacer las cosas en lugar del niño, pues esto obstaculiza el aprendizaje y provoca en él un sentimiento de inferioridad y frustración. El adulto debe guiar al niño, dejando que este marque el ritmo dirigido por sus intereses y favoreciendo así tanto la autonomía física como de pensamiento del niño.
El Método Montessori también se basa en la mente absorbente de los niños, la cual les permite recibir, procesar y almacenar en las células cerebrales todo lo que proviene del ambiente que los rodea sin esfuerzo. En un aula Montessori, los espacios están divididos en diferentes áreas que se corresponden con las cinco áreas clave en el aprendizaje: vida práctica, sensorial, lenguaje, matemáticas y cultura.
Además, los niños y niñas tienen periodos sensitivos, que son aquellos periodos en los que el niño demuestra un interés especial o se muestra entusiasmado por aprender una determinada área. A estos periodos sensitivos se les denomina también “ventanas de aprendizaje”. El proceso de normalización es también fundamental en el Método Montessori, ya que se trata del proceso en el que el niño va alcanzando gradualmente el orden, la auto disciplina y la socialización, es decir, la capacidad de apreciar, respetar y colaborar con los demás.
En cuanto a los materiales Montessori, estos son herramientas para la manipulación y experimentación sensorial por parte del niño, con el fin de desarrollar el conocimiento y el pensamiento abstracto. Estos materiales permiten que el niño aprenda a su propio ritmo y por sí mismo.
El Método Montessori es la educación del futuro porque es una educación para la vida, por lo tanto, el propósito fundamental es ayudar a que los niños desarrollen una autoestima sana y sean capaces de adaptarse a nuevas y diferentes circunstancias.
Los adultos jóvenes que fueron «niños Montessori» tienen habilidades que los distinguen de los demás. Estas habilidades van más allá de lo cognitivo y les permiten enfrentar el mundo de una manera única.
Uno de los aspectos más destacados de estos adultos jóvenes es que conocen sus habilidades y limitaciones. Esta habilidad les permite establecer metas y desafíos realistas y perseguirlos con determinación. Además, aprenden de sus errores y no temen equivocarse.
Los niños Montessori aprenden a identificar y expresar sus emociones y sentimientos. También desarrollan habilidades interpersonales y sociales, aprendiendo a respetar la diversidad y trabajar en equipo. Son líderes naturales, pero también saben ser miembros del equipo y organizarse para lograr sus objetivos.
Otra habilidad importante que los niños Montessori desarrollan es la independencia, tanto física como mental y económica. Aprenden a pedir ayuda cuando la necesitan, pero también saben cómo resolver problemas por sí mismos.
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