Seguro que alguna vez has oído hablar de la astenia primaveral. Se trata del conjunto de síntomas físicos y anímicos asociados al cambio de estación. Por ejemplo, el aumento de horas de luz, suele provocar mayor sensación de cansancio o somnolencia. Pues bien, este fenómeno no es exclusivo de la primavera. De hecho, muchas personas experimentan sensaciones similares con el final del verano y la pérdida de horas de sol. Es lo que se conoce como astenia otoñal. Además, el inicio del curso escolar y el retorno de muchas obligaciones del día a día aumentan el estrés y el malestar. Aunque el impacto de la astenia está más estudiada en los adultos, lo cierto que es que también afecta a niños y adolescentes. Es más, algunos estudios demuestran que el cambio de estación tiene incidencia directa en la concentración y el rendimiento escolar

Normalmente, los síntomas se deben a una alteración en el ritmo biológico del niño y tardan una semana o dos en desaparecer. Es decir, el tiempo que necesita el cuerpo para adaptarse a la nueva estación y a las nuevas rutinas. “Los cambios de estación causan una alteración en los niveles de determinadas hormonas, en concreto, la melatonina, una hormona relacionada con el sueño que se ha asociado con el trastorno afectivo estacional. Dicha hormona, que también tiene relación con la depresión, se produce en niveles más altos en la oscuridad. Así, cuando los días son más cortos y oscuros, se produce más melatonina”, explica el pediatra Salvador Martínez Arenas. A continuación, os presentamos tres consejos para combatir la astenia otoñal entre los más jóvenes. ¿Y tú? ¿Qué trucos utilizas para sobrevivir al cambio de estación?

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3 consejos para afrontar la astenia otoñal en niños

  1. Seguir una dieta equilibrada. Las frutas y verduras de temporada son un must have en estos casos, ya que aportan energía, vitaminas y minerales. También son importantes las lentejas, que subministran hierro al cuerpo, o la patatas como fuente de fibra.
  2. Hacer ejercicio físico. Se recomienda hacer ejercicio al aire libre para recuperar la energía física. El ejercicio estimula la liberación de dopamina y endorfinas, que levantan el ánimo de los más pequeños.
  3. Dormir entre nueve y diez horas. Según el doctor Martínez Arenas, los niños y adolescentes deberían dormir entre nueve y diez horas hasta los 18 años. “Está demostrado que los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés, se reducen muchísimo después de un buen descanso. Y, al contrario, cuando se duerme menos de lo que se debe, estos aumentan”, apunta.

Fuentes: ABC y Universidad Internacional de Valencia (VIU)

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