¿Te imaginas una clase de informática sin ordenadores en el aula? La historia de Owura Kwadwo Hottish, profesor en la localidad de Kumasi (Ghana), demuestra que es posible impartirla. Owura tenía el objetivo de explicar cómo funciona Microsoft Word a sus alumnos, pero se enfrentaba a una dificultad importante: no solo no contaba con el programa adecuado, sino que la escuela carecía de cualquier tipo de PC. Fue en ese momento cuando el docente decidió exprimir todo su ingenio. A falta de una pantalla, dibujaría la interfaz de Word con tiza en la pizarra. De esta forma, trasladaría a los alumnos la primera imagen que aparece cuando se abre el programa informático.

Por suerte, la perseverancia y los conocimientos del profesor dieron sus frutos. Owura Kwadwo Hottish, además de docente, es titulado en Artes Visuales. Así pues, la formación le facilitó enormemente la tarea de dibujar. Como era de esperar, todos los alumnos quedaron maravillados con la lección. Pero no fueron los únicos. El día 15 de febrero Owura se animó a compartir la iniciativa en su perfil de Facebook. Y, al cabo de pocas horas (cosas que pasan con las ocurrencias útiles y originales), la publicación se hizo viral. Al final, los alumnos no solo aprendieron a utilizar el Word a través de una pizarra. El «Word a la tiza» ha tenido tanto impacto en las redes que varias entidades se han ofrecido para proporcionar ordenadores a la escuela de Kumasi.

¿Qué nos enseña el caso del profesor de Ghana?

Más allá de la sorpresa que puede causar la ocurrencia de Owura, podemos quedarnos con tres lecciones fundamentales sobre el mundo de la educación y la tecnología:

  1. La originalidad, el secreto de una publicación viral. No siempre se necesita un community manager o una fuerte inversión en Facebook para caer en gracia. A veces es suficiente con que nuestra historia llame la atención de alguien con muchos seguidores y se empiece a viralizar. Para ello, conviene explicar el caso con delicadeza e ilustrarlo mediante fotos, tal como hizo Owura. Con un detalle tan sencillo como una foto, demostramos que la historia es real y no tiene nada de bulo.
  2. El acceso a la tecnología, un derecho universal. Aunque la historia de los alumnos de Kumasi ha tenido un final feliz (pronto dispondrán de ordenador), este tipo de iniciativas deberían ser innecesarias. No se trata de luchar por un caso en concreto, sino de defender el acceso a la educación como derecho universal. Y, a la vez, de presentar la tecnología como una pieza clave en la formación y el progreso.
  3. La capacidad de los profesores de luchar con sus alumnos. El ingenio de Owura demuestra que los profesores con vocación son capaces de adaptarse a cualquier tipo de circunstancia. Por más dificultades que haya, nunca hay que dejar de idear nuevos métodos de aprendizaje. Esta historia puede servir de modelo en casos de estancamiento o desmotivación.

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