El fin de curso suele generar bastantes nervios. La llegada del esperado (y a la vez temido) boletín de notas marca los últimos días lectivos junio, cuando los alumnos anhelan el aprobado para empezar tranquilos las vacaciones de verano. Este era el caso de Sophie Jackson, una niña australiana de nueve años con autismo. Aunque la pequeña estaba muy satisfecha con su rendimiento escolar, los resultados finales no fueron los esperados, lo cual la entristeció profundamente. Sin embargo, su padre, Shane Jackson, ideó una alternativa. ¿Cómo replanteó la situación? Pues muy sencillo: creando un nuevo boletín de notas. En este caso, eso sí, la evaluación tenía en cuenta aspectos más amplios, como la imaginación, la diversión o la capacidad de amar a los animales. 

Además de obsequiar a Sophie con esta hoja, Shane quiso compartir el boletín a través de Twitter. “Mi hija, que tiene trastorno del espectro autista (TEA), recibió  una D en todas las asignaturas en su boletín hoy. Se puso a llorar y dijo que nos había fallado a todos. Este es mi boletín para ella”, escribió. Después del éxito viral de la publicación, la niña se sintió tan feliz que decidió abrir su propia cuenta de Twitter para ir colgando sus dibujos. Por otra parte, también evaluó el rol de su padre como progenitor. Las notas obtenidas por Shane, al igual que las de Sophie, fueron buenísimas, por cierto. 

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¿Qué nos enseña la historia de este boletín de notas especial?

  1. La inclusión en las aulas debe ser real. Mucho se ha hablado de la educación inclusiva estos últimos años. No obstante, el caso de Sophie demuestra que aún queda bastante camino por recorrer. En primer lugar, los centros deben contar con suficientes profesionales especializados para atender a alumnos con necesidades específicas. En segundo lugar, hay que aprender a gestionar la diversidad desde el punto de vista emocional, no solo académico.
  2. ¿Qué evalúan exactamente los boletines de notas? Cuando pensamos en un boletín de notas, normalmente nos vienen a la cabeza las asignaturas que hemos estudiado y los temarios que hemos interiorizado. Sin embargo, la escuela debería ser una herramienta de formación con una perspectiva mucho más amplia. Por ejemplo, se podrían potenciar aspectos como la creatividad o la cooperación.
  3. Tenemos que hablar de autismo sin tabúes. La historia de Sophie nos hace pensar en el caso de Brynjar Karl Birgisson, un joven con autismo que creó una maqueta del Titanic (la más grande del mundo) con Legos. Tanto Brynjar como Sophie, demuestran que hay que hablar del autismo sin prejuicios. Es más, la visibilización en las redes sociales y en los medios contribuye a hacer más fácil la integración social y, por lo tanto, la escolar. ¡Estaremos atentos a los pasos de estos dos jóvenes!

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