Cuando quieres contratar un seguro, puedes dirigirte directamente a una aseguradora o, también, contratarlo a través de otras entidades. Estas empresas son conocidas como corredurías de seguros o mediadoras. Si quieres montar tu propia correduría y dedicarte profesionalmente a ser corredor de seguros, no solo debes saber de seguros, sino también de crear empresas, por lo que necesitarás tener espíritu emprendedor.

Pero, ¿cómo formarte? Pues muy sencillo: existen cursos que te acreditan como experto con el título Mediador de Seguros Grupo A. De hecho, estos títulos están homologados por la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones. El requisito mínimo para poder acceder es tener el título de Bachillerato o equivalente. Lo imparten los Colegios de Mediadores de Seguros de cada provincia y varias universidades. En algunos cursos, como el de la UNED, convalidan una parte de las materias si cuentas con un título universitario con validez en España. Los títulos deben formar parte de los siguientes ámbitos:

  • Ciencias Jurídicas
  • Ciencias Económicas
  • Administración y Dirección de Empresas
  • Ciencias Actuariales y Financieras
  • Ciencias Empresariales

Esta formación tiene una duración mínima de 500 horas lectivas.

¿Qué más necesito para trabajar como corredor de seguros?

Antes de lanzarte a la aventura de ser corredor de seguros (incluso habiendo obtenido el título de Mediador de Seguros grupo A) se recomienda trabajar como agente de seguros. Es decir, ejercer en una empresa para coger experiencia o como colaborador en una correduría. Otra cosa importante para llegar a montar tu propia empresa de mediación es contar con una cartera de clientes. Eso sí, si ya has trabajado en seguros para una empresa, no te puedes llevar esos clientes porque son de la aseguradora.

Además, se recomienda tener una fuente de clientes de otros negocios paralelos, negocios que son especialmente afines al de corredor. Por ejemplo, gestorías administrativas, despachos de abogados, asesorías fiscales o contables, administraciones de fincas, agencias inmobiliarias, API’s, asesorías financieras, ESI’s, etc. En otras palabras, cualquier negocio que ya tenga su base de clientes actual o que genere una afluencia de clientes rápidamente.

Por último, es fundamental contar con una base económica para poder iniciarse, como sucede con cualquier otro negocio que se ponga en marcha. De todas formas, según señalan los expertos, este tipo de empresas no requieren una inversión inicial muy elevada.

Fuente: MAPFRE

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