La actual crisis económica ha tenido una gran repercusión en el conjunto de la sociedad española, independientemente de la clase social, la edad o el sexo.  Cada vez más los jóvenes temen el futuro. Tras varias décadas de bonanza económica saben que la edad adulta no vendrá acompañada de la seguridad con la que ellos, en la mayor parte de los casos, se han criado. El mercado laboral es mucho más variable, los trabajadores están sometidos a unas exigencias mayores, y la formación continua y adaptación constante son dos requisitos indispensables en cualquier trabajo, independientemente del sector.

Conscientes de esta gran dificultad, se ha tratado, desde diferentes ámbitos sociales, fomentar el espíritu emprendedor de todos los ciudadanos, especialmente de los jóvenes. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? ¿Se está realmente inculcando estos valores? Los últimos estudios demuestran precisamente lo contrario: más de la mitad de los jóvenes quiere ser funcionario en España.  ¿Qué hay de cierto en esto?

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La salida de la docencia

A pesar de los esfuerzos constantes de diferentes administraciones públicas en fomentar el emprendurismo, y del progresivo descenso de las convocatorias de oposiciones,  lo cierto es que el funcionariado, y concretamente, las condiciones de los empleados públicos, siguen siendo muy atractivos para los más jóvenes. Muchos piensan que es de las pocas salidas que disponen para poder garantizar un futuro sin sobresaltos económicos.

Un ejemplo de ello es, sin ir más lejos, la amplia demanda, independientemente de la región, del Máster de Formación de Profesorado, recordemos, obligatorio para todo titulado universitario que quiere ejercer la docencia en un centro público de educación secundaria.

Según zonas, Andalucía tuvo este pasado mes de septiembre 2.665 matriculados, región seguida por la Comunidad Valenciana, con 2.346, ambas, con cifras muy superiores a las registradas en Madrid, con 1.890, o Cataluña, 1.007, donde hay un censo de estudiantes mayor. La alta demanda ha provocado que en las aulas se encuentren personas con perfiles de lo más variopinto, con una experiencia profesional y académica diferente, edad, o incluso aspiraciones.

La pregunta en este caso podría ser: ¿es la docencia una verdadera vocación para estos profesionales o únicamente una salida posible para encontrar la estabilidad económica? ¿Si no se hace por vocación, es una apuesta segura?

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