Al terminar un grado universitario, la mayoría de los estudiantes se plantean tres opciones: buscar un trabajo, autoemplearse o seguir formándose. Cuando se opta por la tercera vía, lo más habitual es matricularse en un máster. De hecho, los másters son el máximo exponente de la parcialización del conocimiento que vive nuestra sociedad. En otras palabras, el grado sirve para adquirir nociones genéricas; el máster, para especializarse. Además de la especialización, hay otros motivos de peso por los cuales los alumnos acceden a estudios de segundo ciclo. Por ejemplo, la idea de que a través de un máster encontrarán trabajo antes. En la misma línea, hay quien arguye la posibilidad de hacer contractos o de acceder a un salario más alto. Vistos así, los másteres parecen la panacea del mundo formativo y laboral. Y cierto es que varios estudios indican que los candidatos con máster tienen una mejor inserción en el mercado de trabajo.

Sin embargo, hay que calibrar todos los pros y los contras. Normalmente, los alumnos con máster tienen expedientes académicos más brillantes y también más recursos económicos. Por lo tanto, el título de máster no es el único factor a tener en cuenta cuando se analiza la empleabilidad. ¿Significa esto que estudiar un máster no sirve para nada? En absoluto. Más bien, significa que matricularse en un máster debe ser una decisión meditada. Es decir, una herramienta para llegar a un determinado objetivo. No se trata, pues, de satisfacer nuestro ego y alimentar la titulitis. En este post, analizamos la utilidad real de los másteres. ¡Toma nota e invierte tu dinero con conocimiento de causa!

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¿Sirve para algo hacer un máster?

Para elegir un máster que nos resulte útil, debemos distinguir entre tres tipos de titulación:

  • Máster oficial. Son los másteres que tienen reconomiento en todo el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Sirven para acceder a estudios de doctorado y normalmente puntuan en oposiciones y bolsas de trabajo.
  • Título propio. Se trata de titulaciones de posgrado expedidas por una determinada universidad. No tienen carácter oficial y no permiten el acceso a los estudios de posgrado, pero pueden puntuar en determinadas bolsas de trabajo. Además, sirven para acreditar una determinada especialización en nuestro curriculum.
  • Máster habilitante. Son un tipo de máster oficial, obligatorio para ejercer una determinada profesión. Por ejemplo, el Máster de Formación del Profesorado, el Máster de Acceso a la Abogacía o el Máster en Psicología General Sanitaria. Como son másteres obligatorios para ejercer, no puntuan ni en oposiciones ni en bolsas de trabajo.

La clave para decidir: no estudies un máster porque sí

Para combatir la titulitis, la clave es tener claro el porqué de nuestras decisiones. Podemos estudiar un máster por diferentes motivios:

  • ¿Nos interesa trabajar en una profesión que exige un máster habilitante? Si es así, buscamos la mejor opción (presencialmente u online) y lo afrontamos como un quinto año de carrera.
  • ¿Queremos presentarnos a oposiciones? En este caso, buscamos un máster que nos interese por contenidos y que a la vez puntúe para acceder a la plaza.
  • ¿Vamos a hacer un doctorado en el futuro? Pues buscamos un máster oficial que nos acredite para ello. Hay que tener en cuenta que, en función de la disciplina existen una o varias opciones. Por ejemplo, en el ámbito de las humanidades suele haber los másteres en Estudios Avanzados.
  • ¿Queremos montar nuestra propia empresa? Normalmente, la opción más viable para empresarios y futuros emprendedores son los Masters of Business Administration (MBA).
  •  ¿Queremos especializarnos o cambiar de trabajo? En este punto, conviene tener claro que un máster puede ayudar a mejorar en el trabajo, pero el cambio no es automático por el hecho de haberlo cursado. En otras palabras, lo mejor es prepararse al máximo y sacarle todo el jugo a la formación sin crearse falsas expectativas.
  • ¿Vamos a cursar un máster por gusto personal? Muchas personas deciden estudiar un máster por placer o por enriquecimiento personal. En este caso, las expectativas cambian en función de cada estudiante. Así pues, es más difícil dilucidar si el máster ha servido para algo o no.

¿Qué elementos influyen en el precio de la matrícula?

Por último, antes de realizar la inversión hay que tener en cuenta tres factores que inciden directamente en el precio:

  • Ámbito de estudio. El precio de la matrícula puede cambiar en función de nuestra disciplina. Por ejemplo, un máster en humanidades suele ser mucho más barato que un MBA por cuestiones de oferta y demanda.
  • Tipo de universidad. Si bien los precios de la universidad pública también son elevados, son bastante más asequibles que los de la universidad privada.
  • Modalidad de estudio. Los másteres online suelen ser más caros que los presenciales porque facilitan la mayoría de materiales. Sin embargo, implican un ahorro importante en desplazamientos.

¡Ahora es tu turno! ¿Por qué te has decidido a estudiar un máster? ¡Cuéntanoslo en un comentario!

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